Las altas temperaturas del verano, sobre todo durante las olas de calor, aumentan el riesgo de sufrir un golpe de calor, especialmente entre las personas mayores. Ante este peligro, las residencias pueden ser un método de prevención muy efectivo.
Cada verano, las olas de calor se cobran un precio especialmente alto entre la población. En España mueren cada año alrededor de 1.300 personas a causa del calor, y cada grado adicional de temperatura eleva la mortalidad en torno a un 3,3%. Se calcula que las personas mayores de 65 años concentran una parte muy significativa de las muertes atribuibles a las altas temperaturas, y que el riesgo de sufrir un golpe de calor aumenta de forma notable a partir de esta edad.
Con todo esto, cuidar a un familiar mayor durante el verano puede generar mucha preocupación: saber si está bebiendo suficiente agua, si la casa se mantiene fresca o si alguien detectará a tiempo que algo no va bien. Conocer cómo actuar y qué medidas preventivas tomar puede marcar la diferencia durante los meses más calurosos del año, y contar con el apoyo de una residencia o un centro de día es, para muchas familias, la forma de afrontar el verano con más tranquilidad.
Con la edad, el cuerpo pierde parte de su capacidad para regular la temperatura interna. Los mecanismos de termorregulación –como la sudoración o la dilatación de los vasos sanguíneos– se vuelven menos eficientes, lo que dificulta que el organismo se enfríe con la misma rapidez que en la juventud. A esto se suma que muchas personas mayores conviven con enfermedades crónicas de tipo cardiovascular, respiratorio o neurológico, que el calor puede agravar, y que toman medicamentos que interfieren en la capacidad de regular la temperatura corporal o favorecen la deshidratación.
La sensación de sed también disminuye con los años, por lo que muchas personas mayores no beben suficiente agua, aunque su cuerpo la necesite, lo que las expone todavía más a los efectos del calor.

En las personas mayores, la insolación puede presentarse de forma más silenciosa que en otras edades. A veces el primer signo es simplemente una confusión repentina o un cansancio extremo, sin que la persona se queje de calor. Por eso es fundamental prestar atención a cualquier cambio brusco en su comportamiento durante los días de más calor.
Si sospechas que una persona mayor a tu cargo está sufriendo un golpe de calor, hay que actuar con rapidez:
La buena noticia es que la mayoría de los golpes de calor se pueden evitar con unas pautas sencillas, que conviene recordar y repetir durante toda la temporada de calor:
También conviene tener controlados los refugios climáticos más cercanos, para protegerte en caso de que la ola sea especialmente calurosa y no puedas refrescar bien tu domicilio. Los refugios climáticos son equipamientos municipales –como bibliotecas o centros cívicos– y espacios públicos que pueden proporcionar unas condiciones más benignas en caso de calor intenso.
Las residencias están preparadas para proteger a las personas mayores frente al calor de una forma que resulta mucho más difícil de garantizar en el domicilio particular: espacios climatizados, control diario del estado de salud, hidratación pautada y supervisada por profesionales, menús adaptados a las necesidades de cada persona y un equipo médico y de enfermería que puede detectar de inmediato cualquier signo de alarma. Esta vigilancia constante reduce de forma notable el riesgo de que una situación de calor extremo derive en una urgencia.
Si te preocupa cómo va a pasar el verano un familiar mayor a tu cargo y quieres que esté protegido frente al calor sin renunciar a su día a día, hay dos opciones que pueden ayudarte:
Ambas opciones permiten afrontar el verano con la seguridad de que la persona mayor está bien cuidada, hidratada y protegida frente a los riesgos del calor, mientras la familia cuidadora también puede tomarse el descanso que necesita.
