Las residencias son un espacio seguro y cómodo para las personas que necesitan recuperarse tras un ictus cerebral. Además, ofrecen servicios personalizados y cuentan con la atención de personal experto las 24 horas del día.
Un ictus puede cambiarle la vida tanto a quien lo sufre como a su entorno. Ante la preocupación natural por el impacto de sus secuelas, las residencias realizan un valioso trabajo de recuperación funcional que combina atención médica, fisioterapia personalizada y apoyo psicológico.
Hablamos con Berta Pijuan y Joana Vallecillo, fisioterapeuta y directora, respectivamente, de Mas Piteu, una de las residencias de Grupo Atlàntida, para conocer cómo es la recuperación tras un ictus en una residencia.
“Nuestras residencias están diseñadas para ofrecer un entorno seguro, cálido y profesional en el que cada residente recibe una atención personalizada centrada en sus necesidades”
El equipo multidisciplinar de los centros del Grupo trabaja conjuntamente para optimizar la calidad de vida de cada persona. Tras evaluar las secuelas del paciente, se fijan objetivos realistas para recuperar el máximo de capacidades funcionales y de autonomía en las tareas básicas de la vida diaria.
En Atlàntida Residencias también ponen especial atención en la gestión emocional. “Acompañamos al paciente en el duelo que puede generar la pérdida repentina de autonomía”, comentan. La clave en la mejora del paciente recae en que tenga una actitud positiva al afrontar el proceso de recuperación tras un ictus cerebral.
Existen diferentes niveles de gravedad de un ictus, que suelen estar directamente relacionados con el tiempo (y las probabilidades) de recuperación tras un accidente cerebrovascular de este tipo.
En líneas generales, los movimientos voluntarios se recuperan entre los 3 y 6 primeros meses. Otros aspectos, como el lenguaje o el equilibrio, pueden tardar hasta 2 años en volver a la normalidad.
Para una buena recuperación, es fundamental identificar los síntomas de un ictus de forma precoz para minimizar el daño cerebral. A posteriori, contar con un equipo médico especializado y preparado para atender a pacientes que se están recuperando de un ictus cerebral puede marcar la diferencia.

La recuperación tras un ictus puede superar las capacidades del entorno doméstico. Ingresar en una residencia especializada no solo es una solución logística, sino que debe entenderse como “una decisión estratégica para maximizar las posibilidades de rehabilitación” del paciente.
Pijuan y Vallecillo listan las ventajas de optar por una residencia tras un ictus:
La recuperación tras un ictus es uno de los servicios ofrecidos por las residencias Atlàntida. El paciente tiene a su disposición un equipo multidisciplinar que trabaja de forma coordinada para garantizar una recuperación integral y personalizada. Esto incluye:

“Entendemos que cada proceso es único y, por eso, nuestro modelo de atención combina la especialización clínica con el acompañamiento humano necesario para afrontar cada etapa de la rehabilitación”, puntualizan Pijuan y Vallecillo.
Uno de los valores añadidos de los centros del Grupo Atlàntida es que ofrecen soluciones a medida según el momento vital o el estado de salud de cada persona. Es por eso que tanto si se trata de una estancia temporal como una permanente, los residentes tienen el mismo acceso total a las instalaciones, los equipos de rehabilitación y los programas de estimulación.
