
La vejez, con frecuencia, tiene un impacto importante en la boca. No sólo porque sea una consecuencia de la edad, sino porque es el resultado del estilo de vida que la persona ha llevado a lo largo de los años, del tipo de alimentación, de las rutinas de higiene bucal, del consumo de tabaco o la ingesta excesiva de alcohol… Pero también es cierto que existen problemas consustanciales con la edad, como la pérdida de dientes, su desgaste o su oscurecimiento.
El sistema bucodental –formado por los dientes, pero también por toda la cavidad oral con todos sus nervios y músculos, como la lengua– es básico para muchas acciones de la vida. Nos permite alimentarnos, nos permite respirar y hablar. Pero también nos confiere rasgos estéticos básicos de nuestra cara. Y por eso hay que cuidarlo siempre y, más aún, en la tercera edad. Porque se ha demostrado también que varios problemas del sistema bucodental están relacionados con determinadas enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cerebrales, entre otras.
Las enfermedades orales más frecuentes entre las personas mayores son:
Para prevenir todo esto, es básico que las personas mayores acudan a menudo y de forma periódica al odontólogo, no sólo cuando detectan un problema en la boca. A ser posible, de forma semestral, porque el cuidado dental mejora la calidad de vida y contribuye a un mayor bienestar físico y mental.
El mejor sistema preventivo es mantener siempre una buena higiene oral diaria que incluya estas rutinas:
Una buena higiene también ayuda a disminuir el mal aliento, la halitosis que preocupa a muchos pacientes.