
Ingresar en una residencia es un paso significativo tanto para la persona mayor como para su familia. A pesar de que inicialmente puede parecer un reto, este cambio puede convertirse en una nueva etapa llena de atenciones, bienestar físico, emocional y social.
Las residencias modernas han evolucionado y ofrecen servicios adaptados a las necesidades específicas de cada residente, con una atención personalizada y un equipo profesional que acompaña en todo momento.
Ingresar puede responder a varios motivos: necesidades físicas o cognitivas, voluntad de evitar la soledad o deseo de participar en actividades. También hay opciones temporales, como las estancias de rehabilitación o los centros de día, que permiten conocer el entorno antes de tomar una decisión definitiva.
Muchas personas encuentran en la residencia una oportunidad para superar situaciones de soledad y disfrutar de nuevas relaciones y experiencias. Además, las familias obtienen tranquilidad en saber que sus seres queridos están bien atendidos en un entorno seguro, con profesionales disponibles las 24 horas. Vivir en una residencia no implica perder autonomía, sino ganar calidad de vida, seguridad y nuevas oportunidades.
Varios elementos pueden facilitar una transición más saludable y sencilla:
En Residencias Atlàntida, la atención personalizada es fundamental. Los profesionales se preocupan para conocer en profundidad a cada residente, su historia y preferencias. Esta dedicación permite que la estancia sea más próxima y humana, convirtiendo la experiencia en una nueva oportunidad para disfrutar de un estilo de vida lleno y satisfactorio.
Conscientes del impacto emocional del cambio, Residencias Atlàntida ha puesto en marcha el proyecto “No estás solo”, que ofrece apoyo tanto a la persona mayor como a su familia. Este programa incluye entrevistas individuales, sesiones grupales con profesionales y actividades que ayudan a paliar sentimientos de pérdida, culpa o angustia asociados en el ingreso en una residencia. Este compromiso ha sido reconocido con los prestigiosos Premios ACRA, que valoran las iniciativas más innovadoras y humanas en el ámbito de la atención a las personas grandes.
El cambio a una residencia no significa renunciar a la propia identidad, sino sumar nuevas experiencias en un entorno seguro y lleno de vida. Con un apoyo adecuado, esta transición acontece una oportunidad para vivir con optimismo, rodeado de compañía, atenciones y estímulos positivos. Las residencias no son solo lugares para vivir, sino espacios para vivir bien, con dignidad y bienestar.