
La diabetes es una enfermedad muy presente en las personas mayores. Se calcula que en Catalunya afecta al 20% de la población de más de 65 años, es decir, una de cada cinco. En cambio, en la población general de más de 15 años, la afectación desciende hasta el 8%. El número estimado de casos en el país ronda los 600.000 y cada año se diagnostican unos 300 nuevos en menores de 30 años.
La diabetes mellitus es una enfermedad metabólica que provoca que el organismo haga un uso escaso de la glucosa, un azúcar que actúa como fuente de energía para las células. Si el cuerpo no lo aprovecha, se acumula en la sangre y provoca lo que se llama hiperglucemia: el aumento de la glucosa en sangre.
Para transformar la glucosa -derivada de los alimentos que ingerimos- en energía para las células, es necesario que actúe la insulina, una hormona que segrega el páncreas. Cuando este órgano no realiza esta función, aparece la diabetes de tipo 1, más presente en las etapas infantil y juvenil. Si el páncreas sí genera insulina, pero la acción de la hormona se encuentra dificultada o limitada, es cuando hablamos de diabetes de tipo 2, la más habitual entre las personas mayores y a menudo infradiagnosticada porque se confunde con otras enfermedades típicas edad.
Muchas veces el aumento de la glucosa en sangre se produce de forma progresiva, sobre todo en el caso de la diabetes 2, por lo que los síntomas pueden pasar desapercibidos durante años. En cualquier caso, hay que estar alerta si notamos algunas de estas señales:
Las repercusiones de la diabetes pueden afectar a diferentes órganos y sistemas del cuerpo, como el corazón y el sistema circulatorio, el sistema nervioso, los riñones y los ojos. Todas estas consecuencias, que pueden repercutir negativamente sobre el nivel de salud y la calidad de vida de las personas que padecen la enfermedad, pueden evitarse con un buen control de la enfermedad.
Una vez diagnosticada la diabetes, el paciente puede seguir estas recomendaciones para controlar la enfermedad: